Argentina durante la Guerra Civil Inka

A principios de 1532 el saqueo de Cuzco y el asesinato de numerosos funcionarios de alto rango del partido waskarista por parte de los generales de Atawallpa, sacudió a todo el Tawantinsuyu, el Imperio Inka. 

En Argentina, hasta ese momento, los enfrentamientos entre las fuerzas quiteñas de Atawallpa y las cuzqueñas de Waskar no habían alterado demasiado el funcionamiento de la administración local. 

Los almacenes del estado en Salta, Catamarca y Cuyo continuaban llenos de alimentos, vestimentas y armas. Las mit’a o turnos de trabajo se cumplían en tiempo y forma e incluso los titaqin, los líderes regionales de los Valles Calchaquíes, parecían no querer volver a rebelarse. 

Pero ciertamente desde 1530 todas las noticias que llegaban eran inquietantes.

Por un lado la pandemia vírica que estaba asolando el norte del Perú no cesaba y continuaba expandiéndose hacia el sur. Aún no había entrado en el Qullasuyu, una de las cuatro regiones del imperio de la que formaba parte Argentina, sin embargo todo hacía pensar que tarde o temprano el contagio masivo llegaría. 

Las noticias al respecto eran terribles, algunos rumores decían que la epidemia había matado incluso al mismísimo Gran Inka Wayna Kapaq provocando la tensión entre sus hijos Atawallpa y Waskar por la sucesión de la maskaipacha, la corona imperial. 

Otros decían que el Gran Inka en realidad había sido envenenado por los partidarios de su mujer quiteña, la ambiciosa Pacha Duchicela. 

Ahora llegaban noticias de la ciudad y puerto ultramarino de Túmbez, en el norte ecuatoriano, un enclave importante para el comercio con Panamá, noticias que aseguraban que esa gran ciudad estaba desierta, pues todos sus habitantes habían muerto o enfermado y los pocos sanos habían huido luego de que desembarcara un grupo de navegantes barbudos provenientes de centroamérica. 

Se decía que la terrible epidemia que mataba a decenas de miles de personas entre horribles sufrimientos, fiebres y pústulas tenía que ver con ellos. Sin embargo, a pesar de las inquietantes novedades, el sur del Qullasuyu continuaba funcionando sin mayores cambios.  

El sur del Sur. En aquella época toda la región a ambos lados de la cordillera se llamaba Chili y estaba organizada en 7 provincias, dos, Copiapó y Mapocho, del lado chileno y cinco del lado argentino, Oma Wak’a, Chicoana, Quire Quire, Tukman y Kullum.

Los intelectuales cuzqueños que registraban todo en sus mapas de tela decían,  “más allá de los diaguitas no hay nada”

En la catamarqueña ciudad de El Shinkal, la mayor ciudad inka de Argentina, se seguían celebrando sin problemas multitudinarias concentraciones convocadas por el estado para mantener la paz con los señoríos locales, mientras en la casa de Apu Tojri, el gobernador de la provincia inka de Quire Quire que hoy llamamos Catamarca, los funcionarios de hacienda le presentaban como siempre las cuentas para la administración regional

A pocos kilómetros, en el cercano centro productivo y de culto de Maquijata próximo a la frontera con Santiago del Estero, las Aqllakuna, las religiosas del estado, seguían produciendo preciosos tejidos ceremoniales y alternando oración y trabajo. Eran prendas de lujo que luego Apu Tojri repartía a los principales líderes aliados. 

A su vez, el plan de mejora de las comunicaciones y obra pública iniciado durante el gobierno de Wayna Kapaq (1493-1524) continuaba sin altibajos y sus resultados se veían en más y mejores caminos que llegaban hasta Cuyo y Río Segundo, en Córdoba. 

Precisamente allí el Inka Uzkollo, un funcionario de rango medio, continuaba supervisando el trabajo de los colonos comechingón a su cargo, traídos desde Ecuador

A los comechingón cordobeses no les gustaba ese nombre impuesto, ellos preferían usar su verdadero nombre, henia-kamiare.

Eran mitmaqkuna, es decir, colonos gubernamentales, inmigrantes gestionados por el estado que se habían adaptado al medio cordobés, aliándose con querandíes, sanavirones, diaguitas y otros pobladores locales. 

Habían sido deportados por el gobierno del Cuzco a ese remoto lugar al sur del imperio, a la frontera más extrema, muy cerca de los comedores de gente, los guaraníes, en castigo por su rebelión contra el Cuzco. 

El Inka Uzkollo era uno de los funcionarios encargados de controlarlos

La historia de vida del inka Uzkollo es muy interesante y nos ayudará a entender la situación política que se vivía en Argentina en vísperas de la invasión europea. 

Según han podido reconstruir varios historiadores el inka Uzkollo nació, a tenor de sus propias palabras, en Perú alrrederor del año 1500 y murió en Córdoba, Argentina en 1579 según consta en su testamento. 

Fue un funcionario incaico de rango medio, destinado en Río Segundo, Córdoba para supervisar las labores de los henia-kamiare. 

Era uno de los agentes del imperio destinados en el extremo sur oriental, una zona complicada. En un enclave de frontera más allá de las líneas defensivas compuestas por los pukara o fortalezas inka. 

Perteneció a quienes la historiadora Margarita Gentile ha llamado  acertadamente los “inka remanentes”, es decir aquellos funcionarios peruanos que administraban las provincias inka de Argentina y que, tras la caída del imperio a manos de los españoles se mantuvieron en sus puestos, conservando al menos parte su status y poder político y revalidando su posición en el nuevo entorno colonial temprano. 

Así, el funcionario Uzkollo pasó de depender de la estructura administrativa inka en Argentina a integrarse en la incipiente administración española, subordinado al encomendero Miguel De Moxica, a quien le unía una alianza asimétrica. 

Por un lado Uzkollo le garantizaba a De Moxica la continuidad de la producción de los colonos inka que seguían viviendo en las sierras cordobesas y a su vez De Moxica actuaba como paraguas protector de Uzkollo y la comunidad serrana en el marco de la nueva ley hispana. 

Según la ley española Uzkollo era el “criado” de De Moxica, según la ley Inka en cambio, Uzkollo seguía ejerciendo sus funciones como supervisor del trabajo de los colonos henia-kamiare, aunque ahora debía rendir cuentas al invasor que ocupaba el lejano Cuzco. 

Los años posteriores a 1536 fueron muy confusos en Argentina, los invasores extra continentales aseguraban vivir en una tierra otorgada por Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, una tierra a la cual podían conquistar, los nativos en cambio continuaban viviendo bajo la estructura administrativa del Imperio Inka, el Tawantinsuyu. 

Todavía en fechas tardías como el año 1667 cuando se les preguntó al consejo de ancianos de Casabindo, en Jujuy, quien los gobernaba, ellos contestaron que hasta 1589 estábamos en el tiempo de los Ingas

Por su testamento sabemos que el Inka Uzkollo antes de la invasión española era encargado de administrar una red de circulación de bienes, dones y contradones con los líderes de la comunidad “serrana” que él tenía bajo su supervisión desde el tiempo de los Ingas como dicen los documentos. 

Esa red de intercambios se basaba en la cría de camélidos y la confección de tejidos e incluía productividad, ceremonias, alianzas y favores.

Una situación que Uzkollo logró mantener relativamente estable aún tras producirse la invasión española en esa zona de Córdoba, en 1573. 

Al igual que otros muchos “inka remanentes” que más adelante veremos actuando en otras provincias de Argentina, Uzkollo formó parte de la transición política del sistema de organización incaico al español. Durante ese proceso adquirió el nombre castellano de Baltazar y latinizó su apellido como Uzcollo. 

Su mujer también mantuvo su apellido indígena, y pasó a llamarse Constanza Onoc. 

Baltazar Uzcollo en su nuevo rol de intermediario entre los invasores españoles y las comunidades serranas firmó contratos y dejó su testamento escrito en castellano, pero bajo esta conducta adaptativa continuó sus relaciones con los colonos traídos por el estado incaico los cuales seguían viviendo en la sierra a pesar de los cambios ocurridos durante la larga guerra civil inka que luego derivó en resistencia al invasor (1527-1573).

Según Constanza Gonzalez Navarro otra historiadora que también investigó en su biografía, Baltazar Uzcollo pasó de funcionario inka a ser una pieza más en el proceso global que transformo el sur oriental  del incario en la española Gobernación del Tucumán. 

Uzkollo murió finalmente en 1579 a avanzada edad, legando sus rebaños de llamas a la comunidad serrana y su casa en la ciudad de Córdoba, a sus dos hijos. 

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