CAPÍTULOS

 

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INTRODUCCIÓN

En qué estábamos cuando llegó Don Pedro de Mendoza

Durante el gobierno del Apu Challku Yupanqi, gobernador de las cinco provincias inka de Argentina, se inició la invasión europea por el sur del Imperio.

Ciudad guaraní de Ygapopé, en el Delta del Tigre. Enero de 1536

 

El Adelantado Don Pedro de Mendoza con 2.000 efectivos entre españoles, alemanes y guaraníes brasileños desembarcó y ocupó la playa del río donde hoy esta Buenos Aires.
Los banqueros de la Casa Welser habían apostado fuerte por él, dos de los catorce grandes buques de su armada transportaban mercaderías financiadas por el banco para comerciar con el Inka y otras autoridades locales.
Un fuerte escuadrón de mercenarios alemanes provistos del sistema de armas más letal de Europa los custodiaban. En ambos buques se apilaban vajillas venecianas, tejidos finos, armas y herramientas de acero. Todo era carísimo y completamente nuevo en estas tierras, a cambio pretendían acceder a los metales preciosos y perlas del “rey blanco” como llamaban al Inka. Lo de blanco era por la platería que lo cubría, por el argento, y “Terra Argentea” llamaron a las orillas de la caprichosas aguas marrones del río.
Las valiosas mercancías estaban vigiladas por esos mercenarios, veteranos de las guerras europeas y verdadero ejército privado del los Welser. Iban armados con descomunales espadas de dos metros de largo y arcabuces que sembraban terror en el campo de batalla.  

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CAPITULO 1

Argentina durante la Guerra Civil Inka

A principios de 1532 el saqueo de Cuzco y el asesinato de numerosos funcionarios de alto rango del partido waskarista por parte de los generales de Atawallpa, sacudió a todo el Tawantinsuyu, el Imperio Inka

Cóndores de arriba | Caranchos de Abajo

 

En Argentina, hasta ese momento, los enfrentamientos entre las fuerzas quiteñas de Atawallpa y las cuzqueñas de Waskar no habían alterado demasiado el funcionamiento de la administración local.

Los almacenes del estado en Salta, Catamarca y Cuyo continuaban llenos de alimentos, vestimentas y armas. Las mit’a o turnos de trabajo se cumplían en tiempo y forma e incluso los titaqin, los líderes regionales de los Valles Calchaquíes, parecían no querer volver a rebelarse.
Pero ciertamente desde 1530 todas las noticias que llegaban eran inquietantes.
Por un lado la pandemia vírica que estaba asolando el norte del Perú no cesaba y continuaba expandiéndose hacia el sur. Aún no había entrado en el Qullasuyu, una de las cuatro regiones del imperio de la que formaba parte Argentina, sin embargo todo hacía pensar que tarde o temprano el contagio masivo llegaría. 

Las noticias al respecto eran terribles, algunos rumores decían que la epidemia había matado incluso al mismísimo Gran Inka Wayna Kapaq provocando la tensión entre sus hijos Atawallpa y Waskar por la sucesión de la <maskaipacha, la corona imperial. Otros decían que el Gran Inka en realidad había sido envenenado por los partidarios de su mujer quiteña, la ambiciosa Pacha Duchicela. 

Ahora llegaban noticias de la ciudad y puerto ultramarino de Túmbez, en el norte ecuatoriano, un enclave importante para el comercio con Panamá, noticias que aseguraban que esa gran ciudad estaba desierta, pues todos sus habitantes habían muerto o enfermado y los pocos sanos habían huido luego de que desembarcara un grupo de navegantes barbudos provenientes de centroamérica.

Se decía que la terrible epidemia que mataba a decenas de miles de personas entre horribles sufrimientos, fiebres y pústulas tenía que ver con ellos. Sin embargo, a pesar de las inquietantes novedades, el sur del Qullasuyu continuaba funcionando sin mayores cambios.

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CAPÍTULO 2

El ataque de las tierras bajas

Desde 1501, cuando en el Río de la Plata apareció el primer barco europeo con Américo Vespucci a bordo hasta 1536 cuando Pedro de Mendoza desembarcó para iniciar formalmente la invasión, en Argentina pasaron muchísimas cosas.
Iluminados por Ñamandú Tenondegua

 

A los inka les había surgido un competidor, quizás no tan masivo y poderoso pero no menos predestinado, tanto, que se consideraban a sí mismos los únicos seres humanos auténticos sobre la tierra.
Se hacían llamar Ava Katú Eté, “Las Personas Verdaderas”, aunque pasaron a la historia como Guaraníes.
Para ellos el resto de sociedades humanas eran imperfectas pues ignoraban algo que los Karaí, los guías espirituales de la nación guaraní, habían descubierto.
Lo que proclamaban los Karaí, verdaderos profetas de la selva, a sus miles de seguidores era que el mundo podía cambiarse para mejor. Que esta realidad imperfecta que nos rodea podía convertirse en una Yvy Mara Ey, una Tierra Sin Mal.
Y la clave de esa transformación estaba en entender como funcionaba el mundo real.
Los Karaí decían “podemos modelar la realidad”. Habían descubierto que el mundo es una construcción instantánea creada mediante la conciencia, un conocimiento obtenido por Ñamandú Tenondé Gua, Nuestro Padre Último-Primero quien se los había transmitido a ellos.
Según la astronomía actual el sol tiene unos 4.600 millones de años, pues bien, para el pensamiento guaraní antes de que el sol y el sistema solar se formara, Ñamandú Tenondé Gua, Nuestro Padre Último-Primero ya existía, y podía ver, iluminado por el conocimiento que irradiaba su propia sabiduría.
Ese hecho remoto que nosotros ubicamos en el pasado ellos lo conciben en este mismo momento, por eso dicen el futuro todavía está ocurriendo ahora.
Para operar en ese mundo cada guerrero guaraní recibía un entrenamiento físico y mental muy duro llamado Agujé, algunos sacerdotes jesuitas que posteriormente lo conocieron e incluso practicaron, modificándolo segun su propia concepción cristiana, lo llamaron “el camino espiritual hacia la Tierra Sin Mal”. 
Espiritual o práctico lo cierto es que era el verdadero objetivo de vida de cada guerrero guaraní. 
Por supuesto en su dimensión política, que es desde donde nosotros lo vemos, esto significaba gestión del poder y expansionismo y explica la razón ideológica por la que los guaraníes enfrentaron a los inka. 

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CAPÍTULO 5

Seis funcionarios inka destinados en Argentina

¿Quienes fueron los funcionarios inka que asistieron al Inti Raymi de 1535 en los “Nuevos Cuzcos” del sur del sur? 
El Sinchal de Kimivil

 Con seguridad estuvo el Apu Tojri, pues era el gobernador de la provincia o wamani de Quire-Quire, hoy Catamarca cuya capital era, precisamente, El Shinkal.
También debe haber estado Inga Nonogasta ya que habitaba en el mismo valle. Inga Nonogasta tenía muy buenas relaciones con los titaqin diaguitas de la zona y va a protagonizar muchos años después, siendo ya un anciano, la firma de la paz con el gobernador español Juan Ramírez de Velazco, luego de la batalla de Anguinahao en Salta, en 1588.
Más difícil es que haya asistido el inka Uzkollo de quien ya hemos dicho que estaba en Córdoba a cargo de colonos ecuatorianos, pues se encontraba a 600 kilómetros de El Shinkal.
Otro personaje que en ese momento ocupaba un importante puesto político era el embajador Wayllullo, que operaba a ambos lados de la cordillera, desde el valle de Mapocho en Chile hasta Cuyo y que pasó a la historia por ser el encargado de llevar el último cargamento de oro del Qullasuyu hacia el Cuzco antes de la invasión.
Sabemos que estuvo en el Shinkal ese año y en esa época porque era la ruta que debía seguir al frente de una gran caravana de llamas cargadas de lingotes de oro, subiendo desde Mapocho con rumbo al Cuzco.
Y no me quiero olvidar de la Mamakuna Ynes, abadesa de la Akllahuasi o convento inka de Maquijata, en la frontera de Catamarca con Santiago del Estero, quien en esa época era muy joven y evidentemente aún no había adoptado el nombre cristiano de Ynes.
La nombro así porque las fuentes coloniales no registraron su nombre kechwa. Es posible que la Mamakuna Ynes haya estado en el Inti Raymi de 1535 en El Shinkal dado el importante rol de las aklla o jóvenes religiosas en esta ceremonia, tal cual lo vimos en el relato de lo acontecido en Cuzco.

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