El capítulo 8 para leerlo completo y sin interrupciones

La decisión de Almagro

Mientras bajo las carpas de Salta las tropas incaicas y las poblaciones diaguita festejan la Fiesta del Pujllay, Diego de Almagro reúne a sus oficiales.

Diego de Almagro según un dibujo del inka Waman Puma conocido como Felipe Guaman Poma de Ayala(1526-1615)

Diego de Almagro según un dibujo del inka Waman Puma conocido como Felipe Guaman Poma de Ayala(1526-1615)

Luego del ataque de los guaraníes en la frontera del imperio ha decidido cambiar su actitud para con las poblaciones locales, quiere hacer una demostración clara de su fuerza militar. Y las circunstancias lo van a llevar a hacerlo en Salta. Más concretamente en la ciudad de Chicoana, capital de la provincia inka del mismo nombre, situada en un fertil y estrecho valle alto a 140 km al oeste de la actual capital salteña.

La ciudad de Chicoana era uno de los principales núcleos urbanos inka enclavado en tierra diaguita y a la vez un relevante centro administrativo de un territorio que con el tiempo se convirtió en la provincia argentina de Salta.Fundada durante el gobierno del Gran Tupak Yupanqi (1471-1493) sobre una población pre-inka, esta ciudad se convirtió, dada su ubicación estratégica, en un centro logístico y productivo de vital importancia en la administración del noroeste argentino por parte del Cuzco. 

La zona urbana, habitada por técnicos e ingenieros traídos especialmente de la provincia de Canas, cerca del Cuzco, estaba protegida por una fuerte guarnición peruana que interactuaba intensamente con la población local.La ciudad, diseñada desde el Cuzco, estuvo habitada durante mas de 150 años. Aguantó bien el colapso del imperio inka y la consiguiente invasión hispana. Cuando el Cuzco cayó finalmente en manos españolas muchos funcionarios y sus familias volvieron a su ciudad de procedencia en Sicuani, Perú. 

Pero no todos se marcharon. Muchos otros permanecieron en Salta, mezclándose con la población local. Recién en 1632, en medio de la cruenta 2ª Guerra Calchaquí,  las autoridades de la ciudad decidieron aliarse con los españoles, abandonando la Confederación Calchaquí junto a la cual combatía a la corona española.Esta actitud les valió el ataque de las fuerzas diaguitas que obligó a la población a trasladarse al Valle de Lerma a pocos kilometros de la ciudad de Salta, re-fundando una ciudad con el mismo nombre, en el marco del sistema colonial español, la cual se convirtió en la bellísima ciudad de Chicoana actual. 

Lamentablemente la mayoría de los argentinos desconocen la importancia de la Chicoana incaica en nuestra historia, si lo supieran quizás habría más interés en visitar su antiguo emplazamiento. Porque aunque abandonada y en ruinas la ciudad conserva aún sus principales edificios públicos en pie y cualquiera podría ir a visitarlos. 

El nombre del lugar ha cambiado, ya no le llamamos Chicoana sino Potrero de Payogasta pero los arqueólogos han identificado el lugar, ubicado en en la quebrada de Luracatao como la Chicoana histórica de la que hablan los documentos antiguos.

En 1926 el historiador Pablo Cabrera fue quien descubrió y comunicó a través de sus libros que la primera Chicoana estaba situada arriba, en el Valle del Calchaquí, la zona preferida por los inka para establecer sus ciudades, y que la Chicoana actual había sido trasladada por su habitantes por desición propia, cuando se aliaron a la Corona española.

En un informe elevado al Rey de España en 1632 consta que los jefes políticos de cuatro comunidades que habitaban la Chicoana Inka, a saber, escoipes, carsis, luracataos y chicoanas propiamente dichos, “abandonaron voluntariamente su natural calchaquino y púsoseles en reducción a pocas leguas de la ciudad de San Felipe de Lerma, dando pruebas de fidelidad y adhesión a los españoles, poniéndose al servicio de los mismos”

Según el autor los kuraka es decir, los jefes políticos de Chicoana llegaron a un entendimiento con las autoridades coloniales. Dice el autor que el gobernador español Albornoz se expresaba “en términos muy elogiosos en favor de sus valientes aliados, pero la conducta de éstos les concitó el odio de los rebeldes diaguitas”.

El documento omite decir que para 1632 la zona estaba siendo fuertemente presionada por los encomenderos que intentaban hacerse con las mejores tierras. Sin embargo es fácil comprender que si las autoridades de la Chicoana incaica decidieron trasladarse de los valles calchaquíes al Valle de Lerma no fue por gusto sino por la doble presión de la Federación Diaguita por un lado y de las autoridades coloniales españolas por el otro. 

Ahora bien, 100 años antes, en marzo de 1536, que es cuando nosotros estamos viendo al ejército de Pawllu y Almagro arribar a Chicoana, la ciudad estaba en su apogeo. Así que vamos a ocuparnos de la Chicoana incaica durante la guerra civil inka, en vísperas de la invasión española. Era en ese momento un cruce de caminos, un destacado centro político-militar cuyo poder se proyecta sobre las tierras bajas de Argentina. 

Como era de rigor, dada su importancia, poseía un fuerte destacamento militar peruano, establecido en Elencot, una fortaleza ubicada en la cabecera del estrecho valle. Ocupaban el pukara que los españoles llamaron presidio de Chicoana y estaba defendido según las crónicas por indios de guerra. A sus pies, el valle que albergaba a la ciudad de Chicoana era estrecho, largo y fértil, surcado por un río y a la sombra de dos grandes e imponentes macizos nevados, Apu Cachi y Apu Acay, ambos considerados montañas sagradas.

Rebaño de llamas por el Abra del Acay, Salta. Al fondo el Apu protector con su cumbre nevada. Figura 20

Rebaño de llamas por el Abra del Acay, Salta. Al fondo el Apu protector con su cumbre nevada. Figura 20

El Apu Acay, era y es el protector del valle. De él nace el río Calchaquí, el más largo de Argentina, cuyas aguas atraviesan Salta, Santiago del Estero y Santa Fé y terminan desaguando en el Paraná Guazú, con el nombre de Kachi Mayu, Río Salado.

Era el camino recorrido por las caravanas llameras que unían la tierras bajas y altas desde tiempos milenarios. Desde las altas cumbres andinas hasta las orillas del gran río Paraná.

Por tanto, las aguas que bebían los habitantes de la ciudad y regaban sus sembradíos, eran aguas benditas, aguas protectoras.
Había un santuario en la janka, las nieves eternas del Acay, a 5.700 metros de altura.


Hoy, a sus pies, la antigua ciudad de Chicoana está en ruinas pero el entorno sigue siendo tan espectacular como entonces. Para visitar lo que queda de ella debemos subir desde la ciudad de Salta por la ruta 33, pasando la hermosa Cuesta del Obispo hasta llegar a los angostos y fértiles valles altos.


Los valles altos era la zona preferida por el estado Inka para instalar sus centros administrativos, años después los españoles se sentirán más a gusto instalándose en los amplios valles bajos, donde actualmente esta la ciudad de Salta.

En febrero de 1536 el Gran Inka Pawllu y su ejército circulaba por el camino que unía los valles altos, viniendo del señorío jujeño de Caixa Vindo (Casabindo), a la altura del Apu Acay donde comenzaba el wamani o provincia inka de Chicoana, puerta a los Valles Calchaquíes.

Había otro camino paralelo al que recorría Pawllu el cual iba por las altas cumbres, uniendo el Apu Acay y el Apu Cachi y del cual cada tanto se abrían caminos hacia el este, bajando al Valle de Lerma y de allí a las yungas del wamani de Tukma hoy provincia de Tucumán, habitado por los antis, la gente selvática.

Próxima a Chicoana había otra ciudad no menos importante llamada La Paya (La Princesa) entre ambas la zona estaba densamente poblada, y la obra pública y la productividad agrícola ganadera eran intensas.
Reconociendo los caminos inka de esa zona el arqueólogo Rodolfo Rafino ha identificado más de 40 sitios inka e inka-regional solo en el entorno de estas dos ciudades.
Si subimos hasta Potrero Payogasta, la antigua Chicoana, podremos ver el sitio donde el inka Pawllu y Almagro al frente de un gran ejército acamparon a principios de 1536 y también veremos el lugar donde se produjo el primer enfrentamiento importante entre el ejército inka y los invasores españoles en territorio argentino.
Chicoana se levantaba en el extremo norte del valle, sobre una extensa terraza natural de unos 20 metros de altura a la vera de la cual corre un río siempre bajo la atenta mirada del Apu Acay.
Basándonos en las descripciones de cronistas como Mariño de Lobera y arqueólogos expertos en el área, como Luis Martos o el mismo Raffino podemos recrear el área edificada de Chicoana y lo que sucedió durante el enfrentamiento.
De toda la planta urbana, que era muy extendida, destacaba el centro cívico el cual se situaba en el centro y donde todavía hoy subsisten las principales construcciones.
En las ciudades del noroeste argentino anteriores a la invasión, entre finales del siglo 15 y principios del 16, aún siendo extensas y con instalaciones públicas sofisticadas, la población no estaba hiperconcentrada como ahora, sino distribuida de forma homogénea.

Una ciudad del noroeste argentino en esa época estaba conformada por una serie de urbanizaciones contiguas de entre 200 y 1.000 habitantes cada una, separadas por  áreas verdes las cuales albergaban tanto instalaciones para el mantenimiento como la producción. En su conjunto podían albergar unos 10.000 habitantes a quienes se llamaba tiaki ta (diaguita), es decir, ciudadanos, para distinguirlos de los suri, los campesinos que vivían aislados en el campo.

Este modelo de ciudades ocupaba las zonas de montaña y se proyectaba hasta el centro del país, incluyendo Córdoba.

Como informan los arqueólogos, Chicoana era de las más grandes, y podemos constatar si vamos hasta allí, que el sector público de la ciudad estaba en la zona mas baja del valle y consistía en una gran plaza donde se levantan edificios de carácter administrativo y religioso. 

En 1536, cuando Pawllu y Almagro están entrando, hacia el norte podía verse la gran plaza, flanqueada por un templo, réplica del Kuyusmanku cuzqueño, que era sin duda la construcción más notable y de la que aún podemos ver hoy en día una increíble pared de más de ocho metros de altura que ha resistido el paso del tiempo.

Aquel año estaba en su mejor momento. Se trataba de un galerón rectangular con cubierta a dos aguas, de 40 metros de largo y 8 de ancho, con una altura como digo de 8,5 metros.

Era un edificio típicamente incaico y polifuncional, de uso tanto religioso como político. Formaba parte de un complejo donde se hospedaban funcionarios de alto rango, nobles y oficiales del ejército los cuales llegaban a la ciudad provenientes de Bolivia y Perú. Este templo también era utilizado para el desarrollo de reuniones, consejos y otros eventos de carácter público.

Según Raffino el edificio tenía 320 metros cuadrados y sus dos altos hastiales o paredes triangulares destacaban desde lejos, sobresaliendo del resto de los edificios de la ciudad. 

Uno de los lados del templo estaba abierto, sostenido por columnas dispuestas a cinco metros de distancia entre sí, y daba a la inmensa plaza. 

Igual que hoy en la Plaza de Mayo, allí se instalaban las autoridades en los actos políticos, a la vista de la multitud congregada en la plaza.

Los arquitectos paccioca provenientes del Perú central lo construyeron siguiendo el diseño del Kuyusmanku original, un famoso templo cuzqueño. 

El patrón constructivo que los arquitectos inka reproducían en las grandes capitales de provincia, según Waman Puma (Felipe Guaman Poma de Ayala). Incap uasi Cuyusmaco (Palacio Real), Cuyus Maco (Casa del Inca), Chura Cona Uasi (Depósito), Carpa Uasi (Casa de tres paredes). Suntur Uasi (Casa Redonda).

Aquí vemos el patrón constructivo que los arquitectos inka reproducían en las grandes capitales de provincia, según Waman Puma (Felipe Guaman Poma de Ayala). Incap uasi Cuyusmaco (Palacio Real), Cuyus Maco (Casa del Inca), Chura Cona Uasi (Depósito), Carpa Uasi (Casa de tres paredes). Suntur Uasi (Casa Redonda).

Suntur Wasi

La Casa Redonda.

Hay un dibujo de la época, realizado por el inka yarowillka Waman Puma (Felipe Huaman Poma) que nos muestra este formato de obra pública seguido por los arquitectos del estado en diversos lugares del imperio, un patrón constructivo consistente en la asociación del edificio polifuncional que describimos junto a una plaza circular llamada Suntur Wasi, la Casa Redonda, asi como otros edificios relevantes.

Era un template o plantilla arquitectónica que se repetía una y otra vez en los centros administrativos mas importantes del Tawantinsuyu. Ha sido Rodolfo Raffino quien descubrió que los arquitectos peruanos siguieron este modelo cuzqueño en Chicoana.

Como era de esperar, la plaza también era una Suntur Wasi, circular y de gran tamaño, de unos 8.000 metros cuadrados (la mitad de la Plaza de Mayo). Se utilizaba con fines políticos, en las paradas militares, fiestas religiosas y discursos de las autoridades.  En el centro tenía un ushnu, un altar cuadrado de 8 metros de lado.

Como veremos enseguida, cuando Almagro vió la plaza se dio cuenta de que era un buen lugar para tender una trampa a los militares inka y demostrar de su poder. Recordemos que Almagro venía siendo hostigado por tropas diaguita y que algunos de sus hombres habían muerto en un enfrentamiento con guaraníes en la frontera jujeña.

Él sabía que la plaza junto al templo era la representación simbólica del poder inka. Con su ushnu sagrado en el medio y rodeada de muros, lo tenía todo para una ejecutar un alarde de fuerza. Además, al ser llana, la plaza permitía a la caballería demostrar su temible capacidad bélica y previsiblemente los muros dejarían atrapado al enemigo.  Solo había que hacerlos entrar en la trampa. Ahora veremos la treta que intentó utilizar para ello, aunque la jugada le salió mal.  

Pero antes escuchemos la descripción del lugar donde se produjo  el combate de Chicoana según un informe del arqueólogo Luis Martos,

“Por el extremo occidental, la gran plaza ceremonial está cerrada por dos canchas o patios sagrados cercados, en los que se realizaban ceremonias y danzas rituales. El grupo central de edificios está en un sector más alto y parece tratarse de una zona de servicio y almacenaje a juzgar por las dos grandes colcas (almacenes) de 8 m de diámetro que allí se levantan; se trata de construcciones de planta circular que se utilizaban como granero o almacén de otros productos y manufacturas. Excavaciones recientes señalan que fueron incendiadas al momento del abandono y de hecho, narran los cronistas españoles que varios años después de la caída de los incas, la gente seguía extrayendo granos y ropas que habían quedado abandonados en las colcas. Hacia el suroeste de este conjunto se suceden una serie de canchas o patios, terrazas y desniveles sobre los que se distribuyen algunos conjuntos, tanto residenciales como de almacenaje. El sector sur es el complejo residencial más importante y por ello ocupa la parte más elevada del sitio en torno a la cual se levantan numerosos cuartos, recintos y colcas. Es posible que este sector haya funcionado como la unidad residencial del curaca y su familia. Años atrás, Terence D’altroy recuperó algunas piezas de oro y nosotros encontramos una ofrenda de platos incas y huesos de llama. De igual forma, el patio entre la casa y la muralla mostró evidencias de una intensa actividad de tipo doméstico.”

Además de la población productiva y funcionarios residentes en Chicoana, en Elencot la fortaleza que custodiaba la ciudad, residía una importante guarnición militar, mayoritariamente de origen peruano. Un cronista, el padre Pedro Lozano nos informa el origen y rol de los contingentes militares movilizados hasta aquí por el Imperio Inka,

“…dicen ahora haber sido tradición entre los indios tucumanos que las milicias peruanas entraron por la parte de Salta (…) en el asiento que llaman de Chicoana, porque para seguridad de esta conquista mandó el Inga poner en aquel paraje un fuerte presidio, cuya guarnición venía a sus tiempos desde el Valle de Chicoana (en Perú), cercano a su corte del Cuzco, remudándose unos en lugar de los otros, y todos naturales de aquel valle, por ser los más fieles, y por esta razón también llamaron a aquel sitio (en Salta) Asiento de Chicoana, en memoria de su patria”

La importante guarnición integrada por estos fieles militares peruanos custodiaba el rico y extenso enclave incaico en Argentina. Para imaginar su real extensión hay que pensar no solo en la ciudad sino en el conjunto de poblaciones separadas por pocos kilómetros que la rodeaban, algunas pobladas por los ciudadanos de la Federación Kallchaq, y otras por colonos peruanos, los pacciocas y pulares de la originaria Chicoana en Perú.

El conjunto estaba intercomunidado por numerosos caminos, andenes de cultivo y otras infraestructuras estratégicas tales como acueductos y almacenes.  Estamos hablando de un centro logístico y de mando de gran capacidad, densamente poblado. Para hacernos una idea de su importancia tengamos en cuenta que el área de acopio de granos, armas, herramientas y tejidos estaba compuesta por más de 1.000 qullqakuna o colcas, es decir, grandes silos de almacenamiento de tres metros de altura, cada uno capaz de acopiar varias toneladas de grano o manufacturas. Imaginémonos una área con 1.000 torres de tres metros de alto. Tiene que haber sido impresionante.

Era una verdadera ciudad de torres-almacén, alineadas de norte a sur y destinadas a guardar bienes para el mantenimiento del ejército y de los trabajadores dedicados a la obra pública. Salvo en El Shinkal catamarqueño no había nada comparable en el resto de Argentina. No es de extrañar que el Gobernador Challku eligiera a Chicoana para que el ejército de Pawllu se recomponiera allí antes de continuar su camino.

Posteriormente a los hechos que narramos, a lo largo de todo el siglo 16, todas las “entradas” que irán haciendo los españoles desde Perú en su invasión hacia el Río de la Plata, siempre se van detener en Chicoana, que son indios de guerra como dicen en sus escritos. Y la razón de esto fue el carácter de enclave estratégico que tenía Salta para los inka, al ser la conexión de los mercados andinos con la producción de las tierras bajas.

Hoy en día la zona esta plagada de ruinas incaicas y diaguita que son un atractivo para los turistas. Si vamos hacia al sur por la ruta 68 desde la ciudad de Salta nos encontramos con las poblaciones de Escoipe, Payogasta, Seclantás, Cachi y la actual Chicoana. Aquí comienzan los Valles Calchaquíes y en las alturas que custodian el primer valle, controlando las riquezas almacenadas en los depósitos de estado, estaba este  pukara o fortaleza de Elencot, con una importante guarnición, un mix de militares peruanos y colonos armados de diversos lugares de Imperio.

Ellos son quienes van a protagonizar el primer enfrentamiento bélico importante con los invasores extracontinentales.

Combate de Chicoana

En un primero momento la guarnición inka de Chicoana no se opuso a la entrada del ejército de Pawllu y Almagro

Al fin y al cabo, se trataba de la visita oficial de un Gran Inka, garantizada por el gobernador Apu Challqu Yupanqi, máxima autoridad en Argentina, y ellos estaban encuadrados en un rígido reglamento militar plenamente vigente.
Pero esto no significaba que ignoraran la inestable situación política imperante en Cuzco y la acción directa que ya venían realizando en el trayecto de Jujuy a Salta, aquellos sectores de la Federación Diaguita que respondían al Titaqin Kallchaq, atacando la retaguardia de Almagro.

Los más de cinco mil hombres del ejército de Pawllu y Almagro se instalaron en distintos sectores, separados unos de otros. Para ello, como venían haciendo en cada parada de varios días o incluso semanas, contaban con las kanchas y las kallankas.
Las kanchas eran espacios libres bordeados por un recinto perimetral o por edificios, en ellas se instalaban carpas de diverso tamaño. Las carpas más grandes eran capaces de albergar hasta cien hombres.
Las kallankas eran inmensos galpones o naves de piedra, sólidas y confortables, de mas de 150 metros de largo, con techos muy altos, donde hombres y mujeres cocinaban y dormían en torno a numerosos fogones comunitarios. Recordemos que los soldados-campesino marchaban junto a sus mujeres.

En ese momento en Chicoana la situación era altamente inestable, una fuerte guarnición local, un ejército imperial de diversas etnías acampando en la ciudad junto a 500 extraños personajes con armas nunca vistas y entorno, las guerrillas diaguita acosándolos.